viernes, 31 de julio de 2009

Si no puedes con ellos...


No se sabe ya el tiempo que no desayuno en el jardín de mi casa, o que me como un bocadillo sentado en un parque, o que paseo con sólo una camiseta. Leo las noticias de España sobre olas de calor y temperaturas imposibles y casi siento envidia. Quizá no por las temperaturas, pero sí por llevar tanto tiempo sin poder ver el sol. He de reconocer que pasé un tiempo asqueado (casualmente, me estoy leyendo las aventuras de Robinson Crusoe, lo cual no deja de ser significativo de cómo me siento; a ver si aparece Viernes de una vez y me anima un poco...), pero he decidido darle la vuelta a la tortilla. El otro día, blasfemando contra el cielo y amenazándolo con mi puño, me paré en seco y pensé, ¡pero si la culpa es mía por agachar la cabeza y mirar el asfalto con resignación! Si la naturaleza me lo está poniendo a huevo cada día, ¿por qué no le acepto el envite? Y ayer le puse solución: me fui a la librería y me compré "the cloudspotter's guide", la "guía del observador de nubes". No tengo mejor laboratorio para aprender a distinguir cirros, cúmulos y estratos que este sitio. Así que aquí estoy, aprendiendo a refugiarme ante la presencia de un "cumulus ingestus" porque puede evolucionar en un amenazante cúmulo-nimbo, y sonriéndole a los inocentes cúmulos humilis, que no traen lluvia. O aprendiendo, que me vendrá bien para mi semanita de marinero en Galicia a finales de agosto, que las nubes se suelen formar en tierra más frecuentemente que en grandes masas de agua, por lo que, generalmente nube=tierra. En fin, que a mal tiempo, buena cara, y al que se me queja del tiempo, le rodeo el cuello con el brazo, lo saco fuera y le hago mirar al cielo, a hacerle ver que de todo se aprende y que este tiempo rudo tiene su lado bello.

viernes, 17 de julio de 2009

La verdad sobre mi residencia


Queridos Fraggle:
El otro día ayudé a Keiko (mi amiga japonesa, que ha resultado ser una enciclopedia del fútbol) a hacer la mudanza a una habitación en la otra casa que gestiona la residencia en la que vivo. Cuando entré, me encontré de nuevo con la inquietante escena de mi primer día aquí: una Biblia de color marrón colocada, como si alguien la hubiera olvidado, encima del escritorio. Después de varios meses aquí, he visto que en ocasiones falta papel higiénico en el baño, que se les ha olvidado reponer el fairy, o que un error logístico les impide darnos nuestras sábanas limpias como corresponde a cada semana. Pero hay algo que nunca se olvida. Que está siempre presente y que incluso puedes pedir en tu idioma natal: la Biblia (creo que tienen ejemplares en más de 100 lenguas diferentes). Esta obsesión por la Biblia me llenó de curiosidad, así que empecé a hacer mis pesquisas hasta que ayer me confirmaron que sí, que son... ¡¡¡GEDEONES!!! (a no confundir con el kikeón, el elemento químico 37 de la tabla periódica, ni con el neón, que es lo que hace que los pájaros se piensen que a las 4 de la mañana sigue siendo de día y sigan piando como si tal cosa). Como no quiero dároslo todo hecho, voy a dejar que busquéis qué rayos es eso en la wikipedia (tendréis que ir a la versión inglesa, porque la española no dice nada al respecto). Para alimentar vuestra curiosidad, os voy a desvelar una de sus aficiones: en EEUU, en cada motel al que van, bajo el cobijo de la noche, abren el cajón de la cómoda y dejan un ejemplar de la Biblia en él. Es su seña de identidad, la marca del asesino. La próxima vez que vayáis a un motel y veáis una Biblia, pensad que un gedeón ha estado ahí antes que vosotros...

domingo, 12 de julio de 2009

Noche en el Drunken Monkey


Queridos fraggle (me resisto a pensar que es sólo mi hermano el que me lee):
Qué cosas tiene Londres. El año pasado escribía sorprendido sobre Nueva York, el único sitio que conozco en el que en un mismo día puedes conocer a un inmigrante ilegal mejicano que vende burritos y a un tipo que se dedica a vender islas; en Londres no he conocido a ningún vendedor de islas (debo estar perdiendo glamour), pero sí que he conocido a un neo-zelandés que no se queda corto. Fue este viernes, en el drunken monkey, un bar decorado con farolillos chinos rojos y cuya especialidad son los cóckteles y los dumplings, esas empanadillas chinas que hicieron mis delicias en Mongolia. Yo iba a una fiesta de cumpleaños "de acoplao", para variar, pero para evitar que se notara mucho, me puse a charlotear con el primero que pillé, y resultó ser este tipo. "Mira, Antón, en Nueva Zelanda somos todos familia; la capital, Auckland, tiene un millón de habitantes, así que te puedes imaginar la cara que se nos pone cuando llegamos a Oxford Circus, en donde tienes a un millón de personas andando hacia una dirección, y otro millón en la dirección contraria. Pero, ¿sabes lo mejor de todo? Que siempre te encuentras con algún primo, siempre hay otro de tu isla que ha ido a Oxford Circus a flipar, así que, al final, es como si estuvieras en casa". Aquello me hizo gracia, el tipo parecía la versión anglo-sajona de Paco Martínez Soria, así que me pasé la noche aprendiendo que una de las cosas que más fascina a esta gente es que haya caimanes en Disney World. (Sí, me enganché al colgado este porque empecé la noche cagándola: me presentaron a una genetista y no se me ocurrió otra cosa mejor que decirle que eran lo peor que había creado la humanidad al haber inventado el esperma artificial).
Besos a todos (ya queda menos para que vuelva).

martes, 9 de junio de 2009

Con estilo

Queridos fraggle (o querido hermano):
Creo que la emoción de esta historia no va a desaparecer si empiezo desvelando el final. Me he desmayado esta noche. Y como os podréis imaginar no ha sido algo discreto precisamente.

En Oxford se organizan en los colleges cada cierto tiempo cenas formales. No os podéis imaginar la solemnidad de este tipo de cenas: sólo pueden ir a ellas los miembros del college y algunos invitados de fuera; son en un comedor grande, en ocasiones gótico, como el de Harry Potter; en un extremo de la sala, presidiéndola, está la "High Table", una mesa más alta que el resto en la que comen los miembros más distinguidos del college y sus invitados; se debe ir trajeado, y si eres miembro del college, vestido con la toga académica; y al comienzo de la cena el rector del college recita unos versos en latín (o eso dicen ellos) mientras todo el mundo está de pie.

Esta noche me habían invitado a asistir a una de estas cenas en "Exeter College", cuya rectora es la antigua directora de la prestigiosa revista "The Economist". En la sala no había más de 40 personas, entre ellas Wing-Chong, el chino al que acompañé en el recuerdo de los sucesos de Tiananmen del 89 (un auténtico disidente político) y otro par de amigas. No sé por qué razón, mi querido amigo ha empezado a hablar de una operación de hernia discal que le hicieron hace unos 4 años. Como yo sabía lo que me venía encima, me tapé los oídos y empecé a murmurar para no oír nada, pero aún así escuché las palabras "de espaldas", "10 horas" y "relajación de esfínter", suficiente para que mi imaginación se desbordara. Figuraos la situación: una capilla gótica llena de gente vestida con una túnica negra y un sombrero, comiendo patatas fritas y coliflor y, en una zona de la mesa, un tipo balanceándose, tapándose los oídos y murmurando. Como no está llamando la atención lo suficiente, el tipo se levanta, arrastra los pies por un lateral de la sala, se sienta en un banco vacío y llama a un chino vestido de Erasmo de Rotterdam justo antes de desmayarse...¡sentado! Obviamente, era consciente de que estaba en un sitio serio y mi última intención era dar la nota, así que he tratado de desmayarme disimuladamente. Lo siguiente que recuerdo es la sala vacía, un par de catedráticos mirándome con cara de preocupación, Wing-Chong apoyando mi cabeza sobre su cuerpo y una tipa del samur entrando por la puerta.
Y ahí empezó el show de Antón. Ya con todo el público atento, descargué mi batería de chistes: "Bueno, qué emocionantes son estas cenas formales, me tenéis que invitar más a menudo" (alguna risa disimulada); "es que en España estamos habituados a dormir la siesta después de comer" (risas); "no os vais a creer la primera vez que me pasó esto: fue en un burguer king mientras mi primera novia me explicaba los detalles de su menstruación" (carcajadas y aplausos).

Ya sabéis cómo acaban estas cosas. He vuelto a casa como si nada hubiera pasado, pero con un documento médico que dice "This gentleman has a Medical History of fainting during stressful situations". Qué eufemístico.

miércoles, 3 de junio de 2009

Mis amigos de Oxford


Queridos Fraggle:

Estoy teniendo el mismo éxito con este blog que un bocadillo de jamón delante de una mezquita. Aún así, no me puedo contener con esto. Imaginaos a vuestra madre vestida con el traje oficial del Real Madrid, incluido el pantalón corto. Esa fue la impresión que tuve anoche cuando me encontré con Keiko, una señora japo que vive conmigo, en la cocina. Parecía la buena mujer, feliz con su equipación de los Antlers de Kashima, que se iba a echar unas pachanguitas antes de la cena.
Desde luego, aunque tenga entre 50 y 200 años, es más divertida que la alemana con la que me ha tocado comer y tomar el café hoy; el pollo de mi plato hablaba más.

viernes, 29 de mayo de 2009

Frente a la inmensidad del cosmos


Queridos fraggle:
Ahora que empieza a salir el sol en Oxford mis hormonas se han disparado; no sé si es un efecto secundario de los antihistamínicos o algo propio de la primavera, pero el caso es que he decidido desplegar todos mis encantos. Os podéis imaginar los resultados. El otro día, en una cena, estuve toda la noche hablando con una chica japonesa, pero conforme la conversación avanzaba, mis instintos más primitivos se iban evaporando. Me atraen las chicas particulares, creo que eso es de sobra sabido, pero aquello me superó. Empezó con la broma de que sabía leer la mano, lo cual no deja de tener su gracia. Pero después de un rato, me confesó que tenía una obsesión. Es una fanática de la ópera. Me explicó que en Tokyo se hacen 2 óperas al año y para ella ese es el día más importante del año, por lo que tiene que ser perfecto. Yo pensaba que eso de la ópera era ir a un teatro a escuchar durante tres horas a tíos dando alaridos disfrazados de dioses germanos, pero qué va. Para ella, hay que reservar una habitación de hotel (sí, da igual que el espectáculo sea en el mismo lugar en el que vives). Hay que pasarse el día haciéndose la manicura, arreglándose el pelo y dios sabe qué más. Hay que ponerse el vestido más elegante. Hay que escuchar a los tíos dando alaridos. Hay que volver al hotel, y hay que saborear el recuerdo del numerito durante un desayuno fastuoso en la cama del hotel a la mañana siguiente. Una relación así sólo puede hacer que acabe con frac, monóculo y un fino bigote engominado, y por ahora prefiero seguir con mis camisetas raídas.

No desesperé. El otro día lo intenté con otra chica. Una chica mona, agradable, con una expresión un tanto ausente que la hacía más interesante aún. Creo que con ella tuve poco tacto. Cuando me dijo que estudiaba galaxias me eché a reír. Llevo años preocupado por si los amuletos contra el mal de ojo tienen variantes o no en las provincias del occidente del imperio romano entre los siglos I y II d.C., y me encuentro con alguien que se dedica a estudiar el cosmos. No entendió mi carcajada, y tampoco habría entendido nada si le hubiera intentado explicar lo ridículo que me había parecido mi trabajo de repente así que, por una vez, preferí callarme y no pedirle que me enseñara las constelaciones.

miércoles, 13 de mayo de 2009

cacator cave malum

No sabéis lo contento que estoy esta mañana. He hecho un hallazgo único, de esos que salen en la portada del National Geographic. He descubierto un texto apócrifo atribuido a Séneca (lo que no tengo muy claro es a cuál de los dos Sénecas). Un texto apócrifo es un libro atribuido a un autor pero que no está en su obra por varios motivos, como que se considere falso o que se parezca a su estilo pero haya dudas de su autoría. El término apócrifo se usa normalmente para hacer referencia a textos bíblicos que no están en el canon, como los evangelios apócrifos (seguro que habéis oído hablar del evangelio de Judas; eso sería un texto apócrifo). Para los autores clásicos se suele usar "pseudo" mejor que "apócrifo", así, se habla de obras pseudo-aristotélicas, como el tratado de fisiognomía (Physiognomica). Pero hablar de un pseudo-Séneca me deja insatisfecho, por lo que prefiero utilizar apócrifo de Séneca.
Para los que no seais duchos en la materia, os explico cómo he hecho un descubrimiento tan singular. Me he levantardo por la mañana y me he tomado un café bien cargadito junto con unos cereales; después, he dejado pasar unas horas en la biblioteca hasta que mis cañerías intestinales han empezado a gemir. He ido al baño –con paso acelerado y medio encogido–, me he sentado en la taza. Mientras me liberaba de los daños producidos por el café mañanero, me he puesto a leer lo que tenía a mi alrededor (no soy como algunos de por aquí, que entran a cagar con libros de la biblioteca; ahora entiendo por qué faltan páginas en algunos volúmenes). Y he aquí mi sorpresa cuando me he encontrado con lo siguiente:
Quam iucundam est merdam facere in silentio (qué placentero es cagar en silencio)
Seneca.
Inmediátamente, he ido al Thesaurus Linguae Latinae, un corpus que recoge toda la literatura latina, y, para mi sorpresa, he visto que esta frase no aparece por ningún lado. Ni en Séneca ni en ningún otro autor; es lo que los sabios llaman hápax, un caso único.

viernes, 8 de mayo de 2009

De vuelta a la tesis


Queridos fraggle:

El viaje al Peak District fue menos duro de lo que me temía. El paisaje prometía temperaturas árticas: un erial cubierto de arbustos rojizos (heather) que recuerdan un poco a la flora de Groenlandia, con un suelo a veces cenagoso, a veces como un tremedal, y una especie de gallina salvaje (al parecer urogallo escocés, lagopus lagopus scotica para los más freaks) que rompía la monotonía del ulular del viento con su cacareo. Poco más. Ni árboles -excepto en las cotas bajas- ni ovejas -menos alguna despistada- ni sol. Sin embargo, José y yo aguantamos como titanes con nuestros saquillos de dormir de verano y nuestras mantas robadas en la residencia. Desgraciadamente, el frío no consiguió que nos pusiéramos tiernos y buscáramos refugio en el abrazo mutuo.
Pero no todo fue paisaje siberiano. También hubo visitas de lo más interesantes. Este parque natural guarda tesoros como la fábrica de sir Richard Arkwright y el nacimiento de la revolución industrial, o la leyenda de "Nine Ladies", ese majestuoso círculo de piedras que se esconde en un bosque de arces. Pero lo más memorable fue sin duda la exposición fotográfica del club de historia local en la iglesia de Tideswell. Aquellas fotos de la carrera de camareras que tuvo lugar en 1974, o aquella otra que inmortalizó al club de los "welldressers" (para que luego digan que los pastores no tienen clase) también por aquellas fechas resultaron mucho más reveladoras a la hora de entender las formas de vida de las comunidades de mineros y ganaderos de aquella región que todos los museos por los que pasamos y guías de viaje que leímos.
Un sitio interesante este peak district.

Besos a todos.

PS: Para que vayáis imaginando la fauna que hay en la biblioteca, acabo de ver a un tío que se santigua antes de ponerse a trabajar. Como los futbolistas, cooño, que nos jugamos mucho cada día en la biblioteca.

martes, 28 de abril de 2009

¡Peak District!


Queridos Fraggle:

Me acaban de proponer pasar el fin de semana trotando por Peak District, un importante parque nacional en el centro de Reino Unido. Era uno de los sitios que más me apetecía visitar de Inglaterra. Esta mañana he salido a correr un poco a las 7 y media (una vez al año no hace daño), y mientras sentía el frío entrar por mis pulmones y veía como la bruma se iba levantando poco a poco para mostrar un paisaje cubierto por pequeñas gotas de rocío, pensaba en lo mucho que me apetecía sufrir un poco con las incomodidades de la montaña. Tratar de calentarme las manos echando vaho sobre ellas, escuchar las gotas de agua golpeando en la tienda y rezar para que el cubre-techos se mantenga separado de la tienda y no cale (porque lloverá, seguro), levantarme con el cuerpo magullado por dormir en el suelo, andar, andar y andar...Son placeres que sólo se entienden cuando uno los ha probado. Además, es escuela de escalada clásica, así que ya os contaré si es una zona en la que merezca la pena dejarse las yemas.

Besos a todos.

martes, 21 de abril de 2009

Novedad

Un pequeño apunte. He atendido vuestras peticiones y he modificado un par de cosas para que los comentarios los pueda hacer cualquiera. No hace falta estar suscrito a nada.
Espero que la participación en el foro aumente.
Besos.

Sin móvil

Queridos Fraggle:
El año pasado me quejaba de que mi vida social era tan triste que tenía que acabar haciendo discursos sobre una zapatilla abandonada en la biblioteca. Si esta vez no encuentro a nadie con quien tomar unas pintas, asumo todas las responsabilidades.
Tuve la habilidad de dejarme en Madrid el cargador del móvil, así que lo tengo siempre apagado -algunos ya os habréis dado cuenta- y lo uso exclusivamente como despertador. Mi manía por evitar que se gaste la batería ha acabado haciendo que esta mañana, que me he levantado antes de lo normal, me lo llevara a la ducha para apagarlo en cuanto sonara. Cuatro horas más tarde he recibido un correo del administrador de la residencia diciendo que el idiota que se ducha con el móvil puede pasar a recogerlo a la oficina. Ahora no sé si ponerme en evidencia y recuperar mi despertador o hacerme el loco y conservar mi dignidad.
Tampoco me he comprado uno aquí. He decidido que con el correo electrónico es más que suficiente (ni messenger, ni facebook, ni móvil, ni gps...). Eso explica que el jueves pasado me pasara dos horas subiendo y bajando la misma calle. Habíamos quedado unas 10 personas para cenar en un restaurante indio. Un grupo decidió ir en taxi. Otros en autobús. Y yo, como aún no tengo asegurada la ayuda del gobierno, me inventé un discurso sobre lo sano que es andar para esconder lo rata que soy y me fui por mi cuenta media hora antes que el resto. Lo que no se me ocurrió es que el restaurante indio estaba en una calle en donde había otros siete, y menos aún que el nombre de los siete sonara igual: ¿Aziz?¿Mazil?¿Yazmin?¿Kashmir? No sé lo que pensaría la gente que estaba comiendo en los restaurantes cuando, cada veinte minutos asomaba la cara del mismo tipo por la ventana. Para evitar el ridículo trataba de cambiar de actividad cada vez que me asomaba: sonreía, intentaba hacer que leía el menú, hacía como que me ataba los cordones de las zapatillas, echaba vaho en la ventana y la limpiaba con un trapo...
Llegué a los postres. Ahora todos me piden que me olvide de las teorías conspiracionestas sobre la CIA y Facebook, o que al menos me compre un móvil, pero lo único que consiguen es que me radicalice: me he comprado una bicicleta antigua, me afeito con navaja, he cambiado mis gafas por un monóculo y estoy buscando una pipa que me quede bien.

viernes, 10 de abril de 2009

Thui


Queridos Fraggle, dejadme hablaros de Thui.

Thui es una periodista vietnamita delgada, casi esquelética, con los pómulos muy marcados y unos enormes ojos. Su pelo es liso, negro como el azabache y larguísimo. Con esa cara, esos ojos que casi se salen de sus órbitas y un pelo que parece más bien un velo de funeral, la chica no resulta la persona más idónea con quien encontrarse justo antes de ir a dormir. Las pesadillas están garantizadas.
Ahora trato de rehuirla incluso a plena luz del día.
Todo empezó el día en que me preguntó a qué me dedicaba. Después de explicarle que mi especialidad eran la magia, los fantasmas y los hechos paranormales en el Mundo Clásico, me miró con una intensidad inquietante y me preguntó, "y tú, ¿crees en esas cosas?".

Al día siguiente me la volví a encontrar y, no sé cómo, volvió a salir el tema. Entonces, traté de explicarle que mi interés no está en demostrar si el mundo de los espíritus existe, sino tratar de entender cómo encajan todo ese tipo de creencias en un entramado social determinado. Ante eso, ella me respondió, "en mi país no hay psicólogos, sólo Fortune-tellers. Alguna vez hemos ido mis amigos y yo a alguno, pero sólo por diversión".

Unos días después, volvió a salir el tema. "Antón, ¿y si realmente existieran los fantasmas? Hace unos años estuve trabajando con la BBC para hacer un documental sobre clarividentes en Vietnam que eran capaces de encontrar fosas comunes de la guerra e identificar los cadáveres. Los de la BBC hicieron pruebas de ADN y se demostró que estos clarividentes acertaban". Os puedo asegurar que si alguien con la cara cadavérica y unas pupilas tremendamente dilatadas os dice algo así, se os ponen los pelos como escarpias. Ahora mismo tengo los pezoncillos duros sólo de recordarlo.

Pero lo peor no fue eso, lo peor fue cuando ayer me explicó uno de los modos de adivinación que hay en Vietnam. Al parecer, el adivino invoca al espíritu de un muerto, el cual posee a uno de los asistentes y habla a través de él. "En mi último año de carrera murió mi padre", me dijo Thui, "unos meses después fui a un adivino con unos amigos, y el espíritu que apareció fue el de mi padre, que me poseyó y predijo el futuro a uno de mis amigos. Mientras estaba poseída, la voz me cambió y hablaba en tonos que no puedo alcanzar en circunstancias normales"... Como podéis imaginar, salí de la cocina dando alaridos de terror, mientras sentía los ojos cadavéricos de Thui clavándose en mi espalda.

Es muy agradable la gente de la residencia, ¿no creéis?
Besos,
El tío Matt.

viernes, 3 de abril de 2009

Llegada a Oxford

Queridos fraggle:

Vivo en una residencia de estudiantes que casi parece una prisión. Sólo le faltan los guardias con perros ladrándote en la entrada y un foco de luz moviéndose sobre el patio por la noche. La habitación es austera, pero tiene todo lo que necesita una persona para vivir sin necesidad de salir de ella: una cama, un escritorio, una silla, un calentador de agua para el té, un lavabo (sí, dentro de la habitación) y una biblia. Si la ventana tuviera barrotes, el ambiente sería ideal. Ya he empezado a hacer tiras con la sábana y entrelazarlas para hacerme una cuerda con la que escapar.
Con mis compañeros comparto la ducha, el comedor y la sala de entretenimiento, provista de una mesa de ping-pong. Me he enterado de que hay campeonatos; veré si puedo derrotar al coreano que lleva invicto dos años.
La mayor parte de mis compañeros en el centro penitenciario son muy simpáticos. He hecho especialmente buenas migas con una taiwanesa a la que he preguntado qué tal les va siendo parte de China y con un jordano al que le he dicho que los restos arqueológicos de su país son una mierda en comparación con los sirios. Hay también una activista política vietnamita que ha estado en las manifestaciones del G-20 en Londres; le tengo que proponer una actualización del manifiesto comunista, que el que tenemos ya está obsoleto.
Por lo demás, todo bien. Hay nubes por la mañana, sol al mediodía y más nubes por la tarde y he conseguido un carné de biblioteca provisional hasta que convenza a los de la facultad de clásicas de que me tienen que admitir y hacer un carné de estudiante.
Os iré manteniendo informado (si me dejan los de stasi; como buena cárcel que es, internet está pinchado).

Besos a todos,

el tío Matt.