
No se sabe ya el tiempo que no desayuno en el jardín de mi casa, o que me como un bocadillo sentado en un parque, o que paseo con sólo una camiseta. Leo las noticias de España sobre olas de calor y temperaturas imposibles y casi siento envidia. Quizá no por las temperaturas, pero sí por llevar tanto tiempo sin poder ver el sol. He de reconocer que pasé un tiempo asqueado (casualmente, me estoy leyendo las aventuras de Robinson Crusoe, lo cual no deja de ser significativo de cómo me siento; a ver si aparece Viernes de una vez y me anima un poco...), pero he decidido darle la vuelta a la tortilla. El otro día, blasfemando contra el cielo y amenazándolo con mi puño, me paré en seco y pensé, ¡pero si la culpa es mía por agachar la cabeza y mirar el asfalto con resignación! Si la naturaleza me lo está poniendo a huevo cada día, ¿por qué no le acepto el envite? Y ayer le puse solución: me fui a la librería y me compré "the cloudspotter's guide", la "guía del observador de nubes". No tengo mejor laboratorio para aprender a distinguir cirros, cúmulos y estratos que este sitio. Así que aquí estoy, aprendiendo a refugiarme ante la presencia de un "cumulus ingestus" porque puede evolucionar en un amenazante cúmulo-nimbo, y sonriéndole a los inocentes cúmulos humilis, que no traen lluvia. O aprendiendo, que me vendrá bien para mi semanita de marinero en Galicia a finales de agosto, que las nubes se suelen formar en tierra más frecuentemente que en grandes masas de agua, por lo que, generalmente nube=tierra. En fin, que a mal tiempo, buena cara, y al que se me queja del tiempo, le rodeo el cuello con el brazo, lo saco fuera y le hago mirar al cielo, a hacerle ver que de todo se aprende y que este tiempo rudo tiene su lado bello.






