martes, 21 de abril de 2009

Sin móvil

Queridos Fraggle:
El año pasado me quejaba de que mi vida social era tan triste que tenía que acabar haciendo discursos sobre una zapatilla abandonada en la biblioteca. Si esta vez no encuentro a nadie con quien tomar unas pintas, asumo todas las responsabilidades.
Tuve la habilidad de dejarme en Madrid el cargador del móvil, así que lo tengo siempre apagado -algunos ya os habréis dado cuenta- y lo uso exclusivamente como despertador. Mi manía por evitar que se gaste la batería ha acabado haciendo que esta mañana, que me he levantado antes de lo normal, me lo llevara a la ducha para apagarlo en cuanto sonara. Cuatro horas más tarde he recibido un correo del administrador de la residencia diciendo que el idiota que se ducha con el móvil puede pasar a recogerlo a la oficina. Ahora no sé si ponerme en evidencia y recuperar mi despertador o hacerme el loco y conservar mi dignidad.
Tampoco me he comprado uno aquí. He decidido que con el correo electrónico es más que suficiente (ni messenger, ni facebook, ni móvil, ni gps...). Eso explica que el jueves pasado me pasara dos horas subiendo y bajando la misma calle. Habíamos quedado unas 10 personas para cenar en un restaurante indio. Un grupo decidió ir en taxi. Otros en autobús. Y yo, como aún no tengo asegurada la ayuda del gobierno, me inventé un discurso sobre lo sano que es andar para esconder lo rata que soy y me fui por mi cuenta media hora antes que el resto. Lo que no se me ocurrió es que el restaurante indio estaba en una calle en donde había otros siete, y menos aún que el nombre de los siete sonara igual: ¿Aziz?¿Mazil?¿Yazmin?¿Kashmir? No sé lo que pensaría la gente que estaba comiendo en los restaurantes cuando, cada veinte minutos asomaba la cara del mismo tipo por la ventana. Para evitar el ridículo trataba de cambiar de actividad cada vez que me asomaba: sonreía, intentaba hacer que leía el menú, hacía como que me ataba los cordones de las zapatillas, echaba vaho en la ventana y la limpiaba con un trapo...
Llegué a los postres. Ahora todos me piden que me olvide de las teorías conspiracionestas sobre la CIA y Facebook, o que al menos me compre un móvil, pero lo único que consiguen es que me radicalice: me he comprado una bicicleta antigua, me afeito con navaja, he cambiado mis gafas por un monóculo y estoy buscando una pipa que me quede bien.

8 comentarios:

  1. ese es el problema de las nuevas tecnologías... te las meten y luego quitarse es dificil. Por temporadas está bien, de todas formas, desconectar de la tecnología
    salu2 primo!

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  2. Podrías dar una vuelta de tuerca más en tu radicalización y abandonar esas prendas de vestir que tienes (North Face, Diesel, Levis y demás) para vestir con toga y declamar como un filósofo cínico (o un loco delirante) por las calles de Oxford. Seguro que harías muchos amigos: todos te señalarían por la calle. La defensa de una teoría filosófica como el cosmopolitismo (al más puro estilo de Panecio de Rodas o Blosio de Cumas) podría ser tu excusa perfecta para hablar con cualquiera...

    Por cierto, ahora que ya hemos caído todos en el economato con la nueva estructura de los comentarios, podremos añadir más intriga a tu blog. Ya no será únicamente "nose" la que nos epatará con esa aura de misterio.

    Pues, ¿quién soy?

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  3. La verdad es que si citas filósofos de tan alta alcurnia como Panecio de Rodas, supongo que conocerás a eminencias posteriores de la talla de Coricio de Gaza.
    Se estrecha el cerco...

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  4. ¡Oh! ¡Hay que ampliar el círculo! ¡No me puedo poner en evidencia con los clásicos! Creo que tendré que empezar a hablarte de las últimas tendencias en literatura española como Lucía Etxebarría, Soledad Puértolas o Pérez-Reverte. O mejor, si yo apenas leo, sólo repasaba mis apuntes de cuarto de la E.S.O., pensaba que quizás me gustaría retomar los estudios. Algún día...

    Mecánico dixit.

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  5. Que oportunidad tan linda de abandonar el móvil y probar que se puede vivir sin él, sigo tu ejemplo, en cuanto se me rompa el móvil lo abandono, así no me mancharé más con sangre africana del Coltán

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  6. Cuando estuve en EEUU me pasó algo similar. Me podría haber comprado un móvil, pero decidí no hacerlo. Creo que la necesidad de mantenernos comunicados se ha llevado a unos límites absurdos: ¿de verdad necesitamos un teléfono fijo, correo postal, móvil, correo electrónico, chats, facebook, palomas mensajeras y mensajes en una botella?

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  7. No deja de ser un tanto... ¿absurdo? Que digas que la necesidad de mantenerse comunicados la hemos llevado al extremo: ¿me puedes responder con qué finalidad inauguraste este blog?

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  8. Qué quisquillosos sois, madre mía. Esto es un puro acto de megalomanía. Y si os váis a dedicar a meterme el dedo en el ojo bajo el refugio del anonimato, voy a volver al sistema que tenía antes para los comentarios.

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