viernes, 29 de mayo de 2009

Frente a la inmensidad del cosmos


Queridos fraggle:
Ahora que empieza a salir el sol en Oxford mis hormonas se han disparado; no sé si es un efecto secundario de los antihistamínicos o algo propio de la primavera, pero el caso es que he decidido desplegar todos mis encantos. Os podéis imaginar los resultados. El otro día, en una cena, estuve toda la noche hablando con una chica japonesa, pero conforme la conversación avanzaba, mis instintos más primitivos se iban evaporando. Me atraen las chicas particulares, creo que eso es de sobra sabido, pero aquello me superó. Empezó con la broma de que sabía leer la mano, lo cual no deja de tener su gracia. Pero después de un rato, me confesó que tenía una obsesión. Es una fanática de la ópera. Me explicó que en Tokyo se hacen 2 óperas al año y para ella ese es el día más importante del año, por lo que tiene que ser perfecto. Yo pensaba que eso de la ópera era ir a un teatro a escuchar durante tres horas a tíos dando alaridos disfrazados de dioses germanos, pero qué va. Para ella, hay que reservar una habitación de hotel (sí, da igual que el espectáculo sea en el mismo lugar en el que vives). Hay que pasarse el día haciéndose la manicura, arreglándose el pelo y dios sabe qué más. Hay que ponerse el vestido más elegante. Hay que escuchar a los tíos dando alaridos. Hay que volver al hotel, y hay que saborear el recuerdo del numerito durante un desayuno fastuoso en la cama del hotel a la mañana siguiente. Una relación así sólo puede hacer que acabe con frac, monóculo y un fino bigote engominado, y por ahora prefiero seguir con mis camisetas raídas.

No desesperé. El otro día lo intenté con otra chica. Una chica mona, agradable, con una expresión un tanto ausente que la hacía más interesante aún. Creo que con ella tuve poco tacto. Cuando me dijo que estudiaba galaxias me eché a reír. Llevo años preocupado por si los amuletos contra el mal de ojo tienen variantes o no en las provincias del occidente del imperio romano entre los siglos I y II d.C., y me encuentro con alguien que se dedica a estudiar el cosmos. No entendió mi carcajada, y tampoco habría entendido nada si le hubiera intentado explicar lo ridículo que me había parecido mi trabajo de repente así que, por una vez, preferí callarme y no pedirle que me enseñara las constelaciones.

miércoles, 13 de mayo de 2009

cacator cave malum

No sabéis lo contento que estoy esta mañana. He hecho un hallazgo único, de esos que salen en la portada del National Geographic. He descubierto un texto apócrifo atribuido a Séneca (lo que no tengo muy claro es a cuál de los dos Sénecas). Un texto apócrifo es un libro atribuido a un autor pero que no está en su obra por varios motivos, como que se considere falso o que se parezca a su estilo pero haya dudas de su autoría. El término apócrifo se usa normalmente para hacer referencia a textos bíblicos que no están en el canon, como los evangelios apócrifos (seguro que habéis oído hablar del evangelio de Judas; eso sería un texto apócrifo). Para los autores clásicos se suele usar "pseudo" mejor que "apócrifo", así, se habla de obras pseudo-aristotélicas, como el tratado de fisiognomía (Physiognomica). Pero hablar de un pseudo-Séneca me deja insatisfecho, por lo que prefiero utilizar apócrifo de Séneca.
Para los que no seais duchos en la materia, os explico cómo he hecho un descubrimiento tan singular. Me he levantardo por la mañana y me he tomado un café bien cargadito junto con unos cereales; después, he dejado pasar unas horas en la biblioteca hasta que mis cañerías intestinales han empezado a gemir. He ido al baño –con paso acelerado y medio encogido–, me he sentado en la taza. Mientras me liberaba de los daños producidos por el café mañanero, me he puesto a leer lo que tenía a mi alrededor (no soy como algunos de por aquí, que entran a cagar con libros de la biblioteca; ahora entiendo por qué faltan páginas en algunos volúmenes). Y he aquí mi sorpresa cuando me he encontrado con lo siguiente:
Quam iucundam est merdam facere in silentio (qué placentero es cagar en silencio)
Seneca.
Inmediátamente, he ido al Thesaurus Linguae Latinae, un corpus que recoge toda la literatura latina, y, para mi sorpresa, he visto que esta frase no aparece por ningún lado. Ni en Séneca ni en ningún otro autor; es lo que los sabios llaman hápax, un caso único.

viernes, 8 de mayo de 2009

De vuelta a la tesis


Queridos fraggle:

El viaje al Peak District fue menos duro de lo que me temía. El paisaje prometía temperaturas árticas: un erial cubierto de arbustos rojizos (heather) que recuerdan un poco a la flora de Groenlandia, con un suelo a veces cenagoso, a veces como un tremedal, y una especie de gallina salvaje (al parecer urogallo escocés, lagopus lagopus scotica para los más freaks) que rompía la monotonía del ulular del viento con su cacareo. Poco más. Ni árboles -excepto en las cotas bajas- ni ovejas -menos alguna despistada- ni sol. Sin embargo, José y yo aguantamos como titanes con nuestros saquillos de dormir de verano y nuestras mantas robadas en la residencia. Desgraciadamente, el frío no consiguió que nos pusiéramos tiernos y buscáramos refugio en el abrazo mutuo.
Pero no todo fue paisaje siberiano. También hubo visitas de lo más interesantes. Este parque natural guarda tesoros como la fábrica de sir Richard Arkwright y el nacimiento de la revolución industrial, o la leyenda de "Nine Ladies", ese majestuoso círculo de piedras que se esconde en un bosque de arces. Pero lo más memorable fue sin duda la exposición fotográfica del club de historia local en la iglesia de Tideswell. Aquellas fotos de la carrera de camareras que tuvo lugar en 1974, o aquella otra que inmortalizó al club de los "welldressers" (para que luego digan que los pastores no tienen clase) también por aquellas fechas resultaron mucho más reveladoras a la hora de entender las formas de vida de las comunidades de mineros y ganaderos de aquella región que todos los museos por los que pasamos y guías de viaje que leímos.
Un sitio interesante este peak district.

Besos a todos.

PS: Para que vayáis imaginando la fauna que hay en la biblioteca, acabo de ver a un tío que se santigua antes de ponerse a trabajar. Como los futbolistas, cooño, que nos jugamos mucho cada día en la biblioteca.