martes, 28 de abril de 2009

¡Peak District!


Queridos Fraggle:

Me acaban de proponer pasar el fin de semana trotando por Peak District, un importante parque nacional en el centro de Reino Unido. Era uno de los sitios que más me apetecía visitar de Inglaterra. Esta mañana he salido a correr un poco a las 7 y media (una vez al año no hace daño), y mientras sentía el frío entrar por mis pulmones y veía como la bruma se iba levantando poco a poco para mostrar un paisaje cubierto por pequeñas gotas de rocío, pensaba en lo mucho que me apetecía sufrir un poco con las incomodidades de la montaña. Tratar de calentarme las manos echando vaho sobre ellas, escuchar las gotas de agua golpeando en la tienda y rezar para que el cubre-techos se mantenga separado de la tienda y no cale (porque lloverá, seguro), levantarme con el cuerpo magullado por dormir en el suelo, andar, andar y andar...Son placeres que sólo se entienden cuando uno los ha probado. Además, es escuela de escalada clásica, así que ya os contaré si es una zona en la que merezca la pena dejarse las yemas.

Besos a todos.

martes, 21 de abril de 2009

Novedad

Un pequeño apunte. He atendido vuestras peticiones y he modificado un par de cosas para que los comentarios los pueda hacer cualquiera. No hace falta estar suscrito a nada.
Espero que la participación en el foro aumente.
Besos.

Sin móvil

Queridos Fraggle:
El año pasado me quejaba de que mi vida social era tan triste que tenía que acabar haciendo discursos sobre una zapatilla abandonada en la biblioteca. Si esta vez no encuentro a nadie con quien tomar unas pintas, asumo todas las responsabilidades.
Tuve la habilidad de dejarme en Madrid el cargador del móvil, así que lo tengo siempre apagado -algunos ya os habréis dado cuenta- y lo uso exclusivamente como despertador. Mi manía por evitar que se gaste la batería ha acabado haciendo que esta mañana, que me he levantado antes de lo normal, me lo llevara a la ducha para apagarlo en cuanto sonara. Cuatro horas más tarde he recibido un correo del administrador de la residencia diciendo que el idiota que se ducha con el móvil puede pasar a recogerlo a la oficina. Ahora no sé si ponerme en evidencia y recuperar mi despertador o hacerme el loco y conservar mi dignidad.
Tampoco me he comprado uno aquí. He decidido que con el correo electrónico es más que suficiente (ni messenger, ni facebook, ni móvil, ni gps...). Eso explica que el jueves pasado me pasara dos horas subiendo y bajando la misma calle. Habíamos quedado unas 10 personas para cenar en un restaurante indio. Un grupo decidió ir en taxi. Otros en autobús. Y yo, como aún no tengo asegurada la ayuda del gobierno, me inventé un discurso sobre lo sano que es andar para esconder lo rata que soy y me fui por mi cuenta media hora antes que el resto. Lo que no se me ocurrió es que el restaurante indio estaba en una calle en donde había otros siete, y menos aún que el nombre de los siete sonara igual: ¿Aziz?¿Mazil?¿Yazmin?¿Kashmir? No sé lo que pensaría la gente que estaba comiendo en los restaurantes cuando, cada veinte minutos asomaba la cara del mismo tipo por la ventana. Para evitar el ridículo trataba de cambiar de actividad cada vez que me asomaba: sonreía, intentaba hacer que leía el menú, hacía como que me ataba los cordones de las zapatillas, echaba vaho en la ventana y la limpiaba con un trapo...
Llegué a los postres. Ahora todos me piden que me olvide de las teorías conspiracionestas sobre la CIA y Facebook, o que al menos me compre un móvil, pero lo único que consiguen es que me radicalice: me he comprado una bicicleta antigua, me afeito con navaja, he cambiado mis gafas por un monóculo y estoy buscando una pipa que me quede bien.

viernes, 10 de abril de 2009

Thui


Queridos Fraggle, dejadme hablaros de Thui.

Thui es una periodista vietnamita delgada, casi esquelética, con los pómulos muy marcados y unos enormes ojos. Su pelo es liso, negro como el azabache y larguísimo. Con esa cara, esos ojos que casi se salen de sus órbitas y un pelo que parece más bien un velo de funeral, la chica no resulta la persona más idónea con quien encontrarse justo antes de ir a dormir. Las pesadillas están garantizadas.
Ahora trato de rehuirla incluso a plena luz del día.
Todo empezó el día en que me preguntó a qué me dedicaba. Después de explicarle que mi especialidad eran la magia, los fantasmas y los hechos paranormales en el Mundo Clásico, me miró con una intensidad inquietante y me preguntó, "y tú, ¿crees en esas cosas?".

Al día siguiente me la volví a encontrar y, no sé cómo, volvió a salir el tema. Entonces, traté de explicarle que mi interés no está en demostrar si el mundo de los espíritus existe, sino tratar de entender cómo encajan todo ese tipo de creencias en un entramado social determinado. Ante eso, ella me respondió, "en mi país no hay psicólogos, sólo Fortune-tellers. Alguna vez hemos ido mis amigos y yo a alguno, pero sólo por diversión".

Unos días después, volvió a salir el tema. "Antón, ¿y si realmente existieran los fantasmas? Hace unos años estuve trabajando con la BBC para hacer un documental sobre clarividentes en Vietnam que eran capaces de encontrar fosas comunes de la guerra e identificar los cadáveres. Los de la BBC hicieron pruebas de ADN y se demostró que estos clarividentes acertaban". Os puedo asegurar que si alguien con la cara cadavérica y unas pupilas tremendamente dilatadas os dice algo así, se os ponen los pelos como escarpias. Ahora mismo tengo los pezoncillos duros sólo de recordarlo.

Pero lo peor no fue eso, lo peor fue cuando ayer me explicó uno de los modos de adivinación que hay en Vietnam. Al parecer, el adivino invoca al espíritu de un muerto, el cual posee a uno de los asistentes y habla a través de él. "En mi último año de carrera murió mi padre", me dijo Thui, "unos meses después fui a un adivino con unos amigos, y el espíritu que apareció fue el de mi padre, que me poseyó y predijo el futuro a uno de mis amigos. Mientras estaba poseída, la voz me cambió y hablaba en tonos que no puedo alcanzar en circunstancias normales"... Como podéis imaginar, salí de la cocina dando alaridos de terror, mientras sentía los ojos cadavéricos de Thui clavándose en mi espalda.

Es muy agradable la gente de la residencia, ¿no creéis?
Besos,
El tío Matt.

viernes, 3 de abril de 2009

Llegada a Oxford

Queridos fraggle:

Vivo en una residencia de estudiantes que casi parece una prisión. Sólo le faltan los guardias con perros ladrándote en la entrada y un foco de luz moviéndose sobre el patio por la noche. La habitación es austera, pero tiene todo lo que necesita una persona para vivir sin necesidad de salir de ella: una cama, un escritorio, una silla, un calentador de agua para el té, un lavabo (sí, dentro de la habitación) y una biblia. Si la ventana tuviera barrotes, el ambiente sería ideal. Ya he empezado a hacer tiras con la sábana y entrelazarlas para hacerme una cuerda con la que escapar.
Con mis compañeros comparto la ducha, el comedor y la sala de entretenimiento, provista de una mesa de ping-pong. Me he enterado de que hay campeonatos; veré si puedo derrotar al coreano que lleva invicto dos años.
La mayor parte de mis compañeros en el centro penitenciario son muy simpáticos. He hecho especialmente buenas migas con una taiwanesa a la que he preguntado qué tal les va siendo parte de China y con un jordano al que le he dicho que los restos arqueológicos de su país son una mierda en comparación con los sirios. Hay también una activista política vietnamita que ha estado en las manifestaciones del G-20 en Londres; le tengo que proponer una actualización del manifiesto comunista, que el que tenemos ya está obsoleto.
Por lo demás, todo bien. Hay nubes por la mañana, sol al mediodía y más nubes por la tarde y he conseguido un carné de biblioteca provisional hasta que convenza a los de la facultad de clásicas de que me tienen que admitir y hacer un carné de estudiante.
Os iré manteniendo informado (si me dejan los de stasi; como buena cárcel que es, internet está pinchado).

Besos a todos,

el tío Matt.